domingo, 3 de mayo de 2009

El monopolio del dios de España


Arrodillado, el dictador Francisco Franco oró unos instantes. El Obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, le había dicho en la iglesia de las Salesas: "Nunca he incensado con tanta satisfacción como ahora lo hago con Vuestra Excelencia".
Era el 20 de mayo de 1939, apenas un mes y medio después del fin de la Guerra Civil, y el Caudillo, triunfante, entregaba al Primado de España, el cardenal Isidro Gomá, su espada como símbolo de la "victoria" sobre la República.
El mismo 1 de abril en que se publicó el último parte franquista de guerra, el Papa Pío XII se apuntaba el tanto y enviaba al dictador un telegrama: "Agradecemos deseada victoria católica. Hacemos votos porque este queridísimo país emprenda con nuevo vigor sus antiguas cristianas tradiciones". A ello se aplicaron los obispos, a los que Franco no tuvo que pedir su adhesión. La jerarquía eclesiástica la ofreció gustosamente desde el primer minuto del Golpe de Estado de julio de 1936.
La profesión y la práctica de la religión católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial. Nadie será molestado por sus creencias religiosas ni por el ejercicio privado de su culto. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la religión católica". Este es el contenido íntegro del artículo 6 del Fuero de los Españoles de 1945, una de las leyes fundamentales del franquismo, que redujo la libertad de cultos a la más estricta intimidad.
Quedaban así asfixiadas el resto de religiones. La redacción del artículo fue sometida incluso a la autorización previa del Papa Pío XII, según relatan varios historiadores.
En ese documento, los franquistas calculaban que en 1960 había unos 30.000 cristianos no católicos. Lo reducido de la cifra se justificaba así: "Su doctrina no interesa a los españoles".
Sin embargo, los protestantes saben que no era así. "Fueron tiempos muy duros. Existió un persecución. Los protestantes venían de la República, estaban en relación con las iglesias europeas, se les tachaba de rojos, la gente tenía que reunirse en casa. Se ejercía el culto en la clandestinidad y las catacumbas", asegura Andrés de la Portilla, evangélico


2 comentarios:

Troba dijo...

Libranos de aquel
que nos domina en la miseria
traenos tu reino de justicia
e igualdad.

hágase por fin tu libertad
aquí en la tierra
danos tu fuerza
y tu valor al combatir

(Víctor Jara)

saludos, amigo!!!!

Juan Olmedo dijo...

Hola, muy interesante tu nota. Afirmo un poco más mi rechazo a la religión y a todo mecanismo dominador.

Gracias!!!

Atte Juan.-
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